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martes, 27 de mayo de 2014

Primavera silenciosa

"La osadía de creernos capaces de manipular impunemente la vida y la naturaleza nos ha llevado a activar una guerra silenciosa cuyas consecuencias no somos capaces de imaginar y mucho menos de prever".
 

Esta frase la he extraído de uno de los libros más importantes para los que amamos la naturaleza y deseamos vivir en un mundo de paz y armonía con el medio ambiente. Se trata del bestseller Primavera silenciosa (Silent Spring, título original en inglés), publicado por Rachel Carson en 1962 y considerado una de las obras literarias de divulgación científica más influyente de todos los tiempos.


OJOCIENTÍFICO  . LEER ARTÍCULO COMPLETO

lunes, 14 de abril de 2014

Las mil y una noches

Vacaciones de Semana Santa, una semanita para descansar  y un buen momento para  leer. Os dejo un fragmento de LAS MIL Y UNA NOCHES.  No sé,  me apetecía.  Quizá echo un poco de menos lo de leer en voz alta, a alguien que te eschucha atentamente y lleno de curiosidad.  Antes lo hacía mucho, pero ahora...

Bueno, además hoy se cumplen 888 años del nacimiento de Averroes y no sé,  pero una cosa me ha llevado a la otra.  



Averrroes fue un filósofo y médico andalusí, maestro de filosofía y leyes islámicas, matemáticas, astronomía y medicina que nació el 14 de abril de 1126 en Córdoba.  
Durante toda su vida manifestó una especial preocupación por situar el pensamiento árabe bajo la órbita de Aristóteles. Se trataba de conciliar la filosofía clásica con el Dios del Corán. Para ello utilizó las fuentes directas procedentes del método tanto aristotélico como platónico o neoplatónico lo que en ocasiones le reportó enemistades y enfrentamientos con otros teóricos y sectores teológicos de la época.

Historia que Scheherazada relató al Rey Schahriar en la noche 394°



 Cuenta que una noche el califa Harún Al-Raschid, presa del insomnio, hizo llamar a su visir Giafar Al-Barmaki, y le dijo: “¡Tengo oprimido el pecho, y deseo ir a pasearme por las calles de Bagdad, y llegar hasta el Tigris, para ver si paso la noche distraido!” Giafar contestó oyendo y obedeciendo, al punto se disfrazó de mercader, tras de ayudar al califa a que se disfrazara de lo mismo y de llamar al portaalfanje Massrur para que les acompañara disfrazado como ellos. Luego salieron del palacio por la puerta secreta, y empezaron a recorrer lentamente las calles de Bagdad, silenciosas a aquella hora, y de esta guisa llegaron a la orilla del río. En una barca amarrada, vieron a un viejo barquero
que se disponía a arroparse en su manta para dormir. Se acercaron a él, y después de las zalemas, le dijeron: “¡Oh jeque! deseamos de tu amabilidad que nos lleves en tu barca para pasearnos un poco por el río, ahora que hace fresco y es deliciosa la brisa! ¡Y he aquí un dinar por tu trabajo!” Y el interpelado contestó con acento de terror en la voz: “¿Sabéis lo que pedís, señores? Por lo visto no concéis la prohibición. ¿No veis venir hacia nosotros el barco en que se halla el califa con todo su séquito?” Preguntaron muy asobrados: ¿Estás seguro de que ese barco que se acerca lleva al propio califa?” El otro contestó: “¡Por Alá! ¿y quién no conoce en Bagdad la cara de nuestro califa? ¡Sí, mis señores, es el mismo, con su visir Giafar y su portaalfanje Massrur! ¡ Y mirad con ellos a los mamelucos y a los cantores! Oid como grita el pregonero de pie en la proa: “Prohibido a grandes y pequeños, a jóvenes y viejos, a notables y plebeyos, pasearse por el río! ¡A quien contravenga esta orden se le cortará la cabeza o será colgado del mástil de su barco!”
Al oir tales palabras…
En este momento de su narración, Scheherazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Y para terminar con todo esto una sugerencia: una lectura para los de 1º de la  ESO:     El enigma Averroes de Luis Blanco Laserna.  



Marco Nero viaja a Bolonia, cuna de la universidad más antigua de Europa, para visitar a Domenico Novara, un discípulo de Regiomontano. Marco se propone desarrollar las ideas de su maestro y, quizá, situar al Sol en el centro del Universo. Pero se anuncia un eclipse de Sol y la inquietud se apodera de todos. Además, una ole ada de crímenes asola la venerable institución. ¿Estarán relacionados con los malos augurios del eclipse?

domingo, 17 de noviembre de 2013

¿Por qué escribimos?

Para entender. Para amar. Para que nos quieran. Para saber. Por necesidad. Por dinero. Por costumbre. Para vivir otras vidas y revivir la propia. Para dar testimonio. Cincuenta escritores tratan de contestar esta pregunta incómoda.

Fernando Iwasaki
Escribo porque es el más poderoso acto libertario que conozco. Escribo porque el hechizo de la
literatura es fulminante y a mí me hace ilusión ser aprendiz de aquellas magias. Escribo porque mis padres y mis hijos se alegran cada vez que alguien les cuenta que ha leído algo mío. Escribo porque contar historias es el oficio más antiguo del mundo. Escribo porque dedico todos los libros de ficción a mi mujer y así -mientras siga escribiendo- ella sabrá que la sigo queriendo.

Almudena Grandes
Cuando era pequeña y leía un libro que me gustaba mucho, me inventaba a solas, para mí sola, otro final, la continuación que su autor no había querido escribir. Todavía ahora, cuando no puedo dormir, me cuento historias, las pienso, las repaso, las describo en silencio, con los ojos cerrados, hasta que me quedo dormida

  Rosa Montero Escribo porque no puedo detener el constante torbellino de imágenes que me cruza
la cabeza, y algunas de esas imágenes me emocionan tanto que siento la imperiosa necesidad de compartirlas. Escribo para tener algo en qué pensar cuando, en la soledad tenebrosa de la duermevela, por la noche, en la cama, antes de dormir, me asaltan los miedos y las angustias. Escribo porque mientras lo hago estoy tan llena de vida que mi muerte no existe: mientras escribo, soy intocable y eterna. Y, sobre todo, escribo para intentar otorgar al Mal y al dolor un sentido que en realidad sé que no tienen.

Luis Muñoz
Creo que puedo distinguir razones de tipo general y razones particulares. Entre las particulares: por darle forma a una emoción concreta, por hacerle un hogar de palabras a uno de esos pensamientos que uno cree que pueden ser salvadores, por ser vulnerable al contagio de otro poema que creo admirable y hacerme la ilusión de que puedo responderle, conversar con él o seguir alguno de sus hilos sueltos. Entre las generales, por querer sentir mi tiempo, el rabioso presente, en el lenguaje; por estar enamorado de la capacidad de las palabras para volver a decir la verdad, por el sentimiento de libertad que produce, por darles forma a seres informes: embriones de voces, sentimientos, sensaciones, ideas...

Soledad Puértolas
Las alegrías de la vida te desbordan. El dolor y la pérdida te superan y hunden.
 El tedio y la monotonía pueden resultar aniquiladores. Cuando escribo, estoy fuera de esa realidad. He entrado en otra donde sí es posible buscar un sentido, incluso vislumbrarlo. La soledad, que tantas veces se ha hecho insoportable, se hace ligera y deseable. El estado perfecto. Hay metas, humanidad, sentidos. Hasta cabe la risa, el gran regalo.

Por Jesús Ruiz Mantilla EL PAIS - GDA

TEXTO COMPLETO
  

miércoles, 14 de noviembre de 2012

O marinheiro

Oporto
"Cada hora ele construía em sonho esta falsa pátria, e ele nunca deixava de sonhar, de dia à sombra curta das grandes palmeiras, que se recortava, orlada de bicos, no châo  areento e quente; de noite, estendido na praia, de costas e nâo reparando nas estrelas". (Fernando Pessoa).

Bicos: ´picos`.
Châo: ´suelo`.
Quente: ´caliente`.

miércoles, 30 de mayo de 2012

"Un pajarito fue estrangulado por un gavilán. Solo tuvo el tiempo suficiente para emitir una protesta muy breve, un único y altísimo grito de indignación. Al pajarito le pareció que había cumplido enteramente con su deber y su almita se jactó de ello y voló, soberbia, hacia el sol para perderse en el azul del cielo" (Italo Svevo, Fábulas).

miércoles, 25 de abril de 2012

Cambiar las palabras o cambiar la realidad

Todas las opiniones difundidas en las últimas semanas relacionadas con el género —suscritas por académicos, especialistas en sexismo, lingüistas o polemistas en general— tienen razón, aun pareciendo enfrentadas.
La discusión existe, creo, porque el problema se aborda desde perspectivas discrepantes, no porque esté sometido a discrepancia el fondo del asunto: la necesidad de eliminar cualquier discriminación, incluida la que propicie el lenguaje.
Por un lado escriben quienes creen que las palabras pueden cambiar la realidad. Y por otro, quienes sostienen que es la realidad la que cambia las palabras. Dicho de una forma más técnica: quienes ponen su punto de mira en los significantes y quienes se fijan más en los significados.
La historia de la lengua nos ha enseñado que esos dos fenómenos transformadores son posibles, si bien el primero (“las palabras cambian la realidad”) suele obtener logros solamente pasajeros; y sin embargo útiles.
El punto de encuentro es posible porque ambos fenómenos buscan el mismo objetivo: mejorar la realidad
Por ejemplo, en los eufemismos se desvanece con los años el efecto perseguido; porque modifican la percepción de la realidad —no tanto la realidad misma—, pero sólo durante un periodo. No por decir “reforma fiscal” desaparece la subida de impuestos; y además al cabo de un tiempo ya todo el mundo sabe lo que significa realmente “reforma fiscal”.
Eso se debe a que el contexto suele afectar al significado de cada vocablo, como ha estudiado la pragmática (Austin, Grice y compañía). Quizás la expresión “los derechos de los españoles y las españolas” se asocie en nuestro contexto a una mera diferencia de sexo en una situación de igualdad jurídica; pero podemos dudar si sucederá lo mismo al decir “los derechos de los saudíes y las saudíes”. Tal vez en este segundo caso el contexto nos haga separar a los saudíes de las saudíes, en la misma estructura gramatical que juntaba a los españoles y a las españolas. Dicho de otro modo: no por ser iguales en el lenguaje somos iguales en la sociedad.
Intentaré explicarme mejor.
La palabra “llave” designó siempre un objeto metálico que sirve para abrir y cerrar las puertas. Sin embargo, en el hotel nos dan una tarjeta de plástico y nos dicen “aquí tiene usted su llave”. Por tanto, ha cambiado la realidad sin que cambie la palabra que la nombra. Siguiendo con el mismo vocablo, no es lo mismo decir “no olvides esa llave” cuando el contexto implica que podemos despistarnos y dejarla sobre la mesa, que “no olvides esa llave” cuando se lo dice el entrenador al yudoca.
Si nuestro contexto específico modifica en cada caso las palabras, es posible por tanto que dejen de parecernos sexistas algunas expresiones cuando haya dejado de serlo la realidad que las enmarca.
Llevado todo esto al problema de la discriminación o la ocultación de la mujer, da la sensación de que las posturas se dividen entre quienes esperan que los cambios sociales modifiquen los significados (como está sucediendo con “mujer pública”, por ejemplo) y quienes prefieren actuar primero y con urgencia sobre los significantes (y elegir “la judicatura” en vez de “los jueces”, o “el profesorado” en vez de “los profesores”).
Hasta hace sólo unos años, en efecto, “mujer pública” era sinónimo de prostituta (frente al significado de “hombre público”). Tal vez no resulte osado sostener ahora que dentro de muy poco nadie hará aquella asociación, habiendo ya casi tantas mujeres como hombres en el desempeño político.
En definitiva, un grupo piensa que se cambiará antes la realidad si se cambian primero las palabras, y el otro cree que cambiar la forma de hablar de millones de personas puede ser incluso menos rápido que cambiar la realidad. Por el contrario, quienes critican esta segunda perspectiva opinan que, así como son necesarias las cuotas para que la mujer ocupe su lugar (y yo estoy a favor de las cuotas), hace falta intervenir en el idioma para acelerar también la igualdad gramatical y social. Y muchas de sus recomendaciones, en efecto, se pueden cumplir sin esfuerzo ni artificio: “los derechos de la persona” en vez de “los derechos del hombre”, por ejemplo.
Ahora bien, tenemos un problema: en tanto que los contextos intervengan en los significados, estamos perdidos si queremos gobernar solamente las palabras.
A la última rueda de prensa de la Moncloa asistieron cerca de treinta periodistas, y nadie pensará al leer esto que se trataba sólo de hombres, porque estamos acostumbrados a ver a muchas mujeres en ese escenario. Pero si alguien dice “diez policías intervinieron en el rescate”, es muy probable que pensemos en diez hombres, porque la policía todavía está formada principalmente por hombres; y sin embargo ninguna de esas palabras del sujeto gramatical tenía marca de género. Y si decimos “al concurso de belleza se presentaron 23 jóvenes” (tomo el ejemplo de Álvaro García Meseguer, autor de varias obras sobre sexismo lingüístico), quien lo escuche habrá pensado en 23 mujeres, porque la mayoría de los concursos de belleza son femeninos.
El día en que los concursos de belleza masculinos sean tan numerosos y mediáticos como los femeninos, la percepción cambiará; y lo mismo ocurrirá, en sentido contrario, cuando en las operaciones policiales intervengan en igual medida mujeres y hombres.
Pero tanto cambian la realidad y el contexto nuestra percepción de los vocablos, que una expresión inclusiva como “mis padres” (nadie habría dudado hasta hace poco que eso incluye al padre y la madre) puede dejar de serlo, y parecer ambigua a medida que se den más casos de hijos con dos padres varones.
No tenemos la forma de calcular si resultará más rápido cambiar los significantes que usan millones de personas o más rápido cambiar esta realidad tan masculina para cambiar así nuestros significados. Por tanto, podemos considerar las dos posturas igualmente bienintencionadas, y pensar que con ambas se puede avanzar hacia el objetivo.
El punto de encuentro parece posible, en definitiva, porque el propósito común es mejorar la realidad. Si partimos de eso y los dos grupos saben escucharse sin prejuicios, el diálogo entre ellos resultará más rico y menos desabrido.

Álex Grijelmo es periodista y autor de varios libros sobre el periodismo y el lenguaje.

Fuente :http://elpais.com/elpais/2012/04/13/opinion/1334317018_255863.html

miércoles, 11 de abril de 2012

El triunfo de los mediocres

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que
económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de
los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no
se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de
medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal
problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir,
para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país
mediocre. Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la
mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena
que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos
creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más
populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina,
los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los
únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan.
Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra
mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado  natural
de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos
sirven para negar
la evidencia.
Mediocre
es un país donde sus habitantes pasan una media de 134
minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente
basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un
presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos
sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que,
en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las
asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha
reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar
a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un
país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo
y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que
sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles
de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país
donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es
marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia
sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración
nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que
buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por
políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean
de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes
que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo
de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos
opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de
la mediocridad.

David Jiménez.
Artículo de su blog: http://davidjimenezblog.com/2012/02/28/el-triunfo-de-los-mediocres/